IGP (Internationale Gebrauchshund Prüfung) es la evolución moderna de lo que durante décadas se conoció como Schutzhund. Es la prueba de trabajo más extendida para pastor alemán y otras razas de utilidad, y sus títulos (IGP1, IGP2, IGP3) aparecen constantemente en los pedigrís de línea de trabajo.
Las tres fases de la prueba
Un examen de IGP evalúa al perro en tres bloques dentro de la misma jornada:
- Rastro (Fase A): el perro sigue un rastro humano marcado en el terreno, localizando objetos dejados en el camino.
- Obediencia (Fase B): ejercicios de conducción, posiciones, llamada y trabajo en grupo con otros perros y personas alrededor, para comprobar estabilidad de nervios.
- Protección (Fase C): búsqueda de un figurante escondido, ladrido controlado, defensa y transporte vigilado — siempre bajo mando del guía y con material homologado.
Por qué importa aunque no busques un perro de trabajo
Un perro que ha pasado un IGP3 ha demostrado, de forma objetiva y ante jueces externos, que tiene nervios firmes, capacidad de concentración y obediencia bajo presión. Eso no solo interesa a quien busca un perro deportivo: es también un indicador indirecto de estabilidad de carácter — algo que empieza a construirse ya desde la socialización del cachorro —, algo que cualquier familia agradece, aunque nunca vaya a pisar un campo de pruebas.
Qué hace falta para entrenarlo bien
No es algo que se improvise en un parque. Requiere un figurante formado (la persona que trabaja la fase de protección de forma segura y reglada) y sesiones progresivas desde cachorro, respetando la edad y el desarrollo físico del animal. Un mal adiestramiento, hecho sin criterio, puede generar más problemas de comportamiento que soluciones. Consulta el palmarés de vom Myrtea para ver resultados reales en esta disciplina.
Formación propia, de casa
En vom Myrtea, cada perro se entrena personalmente — no se delega a terceros. Raúl Molina alcanzó el grado IGP3 con Al Malaki Mauseli.
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