El carácter de un pastor alemán adulto es el resultado de dos cosas a partes iguales: la genética que trae de sus padres, y las experiencias que vive entre las semanas 3 y 16 de vida, el llamado periodo de socialización crítico.
Qué pasa en ese periodo
Durante esas semanas, el cerebro del cachorro es especialmente receptivo a formar asociaciones duraderas: lo que vive como positivo o neutro tiende a quedarle como «normal» para siempre; lo que vive como una experiencia traumática puede dejar miedo asociado de por vida. Por eso un buen criador empieza a socializar al cachorro antes incluso de que se vaya a su nuevo hogar.
Qué significa socializar bien (y qué no)
No es solo «que conozca a otros perros». Significa exponerlo, de forma gradual y siempre positiva, a: personas distintas (niños, adultos, con gorra, con bastón...), sonidos del día a día (tráfico, aspiradora, timbre), superficies distintas bajo las patas, subir a un coche, y otros animales. La clave es la palabra positiva: forzar a un cachorro asustado a acercarse a algo que le da miedo suele empeorar el problema, no solucionarlo.
Por qué en pastor alemán es especialmente importante
Es una raza con fuerte instinto de guarda y territorialidad natural. Un cachorro bien socializado canaliza eso en un adulto seguro de sí mismo, base también del temperamento que luego se exige en pruebas como el IGP. Un cachorro mal socializado puede desarrollar reactividad o miedo generalizado, independientemente de lo bueno que sea su pedigrí.
La ventana no dura para siempre
Pasadas las 16 semanas, el cerebro se vuelve mucho más cauteloso ante lo nuevo. Se puede seguir trabajando después, pero cuesta muchisimo más. De ahí que las primeras semanas — tanto en el criadero como ya en tu casa — sean determinantes.
Cachorros socializados desde el criadero
En vom Myrtea empezamos la socialización desde las primeras semanas, antes incluso de la entrega.
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